Esta carta nace de un proceso terapéutico real. Está escrita para quienes sienten que, si se muestran tal como son con su pareja —sin maquillaje, con el vientre hinchado o con tristeza—, dejarán de ser queridas o deseadas. A veces ese miedo se instala tan dentro que parece que solo cuando todo está “perfecto” es posible relajarse, disfrutar o sentirse cerca del otro.
Pero la verdad es que la conexión y el deseo no aparecen cuando estás perfecta, sino cuando estás presente y tranquila en tu cuerpo. Cuando dejas de vigilarte —de comprobar si estás guapa, si gustas o si estás a la altura—, tu energía cambia. Tu mirada se suaviza, tu voz se calma y surge algo genuino, algo que no depende de cómo te ves, sino de cómo te sientes contigo misma.
Tu cuerpo tiene dos modos:
- Uno de alerta, que se activa cuando sientes miedo o inseguridad.
- Y otro de seguridad, que te permite abrirte, disfrutar y conectar.
Cuando pasas mucho tiempo evaluándote o intentando prever lo que el otro sentirá, tu cuerpo entra en alerta. Y desde ese estado, es difícil disfrutar o implicarte del todo, aunque te muestres sociable y cercana.
Poco a poco, iremos aprendiendo a escuchar lo que tu cuerpo necesita.
A reconocer las señales que te avisan cuando estás en alerta y a practicar maneras de calmarlo.
A darte permiso para sentirte tú misma, sin miedo ni juicio.
A observar cómo cambia tu respiración, tu postura o tu voz cuando empiezas a confiar.
No se trata de hacerlo perfecto, sino de permitirte experimentar, con suavidad, que tu cuerpo puede sentirse seguro.
Con el tiempo, descubrirás que puede relajarse y mostrarse auténtico, y que el deseo y la conexión surgen de esa calma, no de la perfección física.
Para reflexionar
- ¿En qué momentos del día me siento más presente y conectada con mi cuerpo?
- ¿Qué situaciones me hacen sentir segura aunque no esté “perfecta”?
- ¿Qué sensaciones noto en mi cuerpo cuando estoy relajada o en alerta?
Mª Teresa Creus Roset
Psicóloga General Sanitaria

